58.- HEGEMOMANÍA

HEGEMOMANÍA

Hago lo mismo con países

como con esos mosquitos,

Si molestan los dejo fritos.

Uso dólares para inocularles,

Cometo un daño colateral aquí,

Intoxico un poco para allí.

Así, ¡qué tranquilas las tardes!

Qué libres quedan las manos,

Nosotros no tenemos hermanos,

Solo quemamos lo que arde.

Anuncios

57.- SEXO

SEXO

 

El deseo de poder,

Deseo de eternidad,

La eternidad de deseo,

Depositar las semillas

En la tierra abierta.

Sexo eterno.

56.- NADA

NADA

 

La nada es como el éter,

No sabemos de qué está hecho,

Pero nos envuelve.

En la sangre acecha,

La nada cruza puentes,

Se desnuda y seduce sin miedo,

Ataca al cuerpo y a la mente.

 

La fama es una gran nada,

La fortuna, nada,

Cosas de que nos damos cuenta,

Cuando la nada fatal, la negra,

La terminante, abre las fauces

Y en un bostezo despampanante,

Se desvela y causa desastre.

 

Ni siquiera los hombres justos,

Ni tampoco las justas mujeres,

Evitan de la nada el regusto,

Nada contra la nada puede,

Gusano del tiempo roe a gusto,

En el papel se fijan sus heces.

55.- EL CUENTO DEL SOMBRERO

EL CUENTO DEL SOMBRERO

Solo él llevaba sombrero en la fiesta.

Yo también llevaba, sola entre las chicas,

Y tal fue motivo para que habláramos.

Pero sonaron las doce campanadas,

Para entonces yo ya estaba enamorada.

Él desapareció, de repente, sin despedirse.

Olvidó su sombrero,

Aunque creo que lo dejó

Para mí.

Ni siquiera le pregunté su nombre.

Desde aquel día,

Cuando conocí a un hombre,

Le hice probar el sombrero.

Me quedé con el que respondía a las iniciales,

Aunque el sombrero le venía algo grande.

54.- MI QUERIDA ABUELA

MI QUERIDA ABUELA

 

A Berta Cáceres

 

Vivió ella un tiempo en silencio,

Un tiempo en que aún miedos sentía,

De su juventud aún en los bríos,

Cuando viva lengua se mordía.

Nos reuníamos con ojos atentos,

Entonces era abuela, era mía,

Y en las tardes, con esos ojos viejos,

Acariciaba nuestras suaves mejillas.

 

Cansada de la vida y los festejos,

De lo que visto y oído había,

Callábamos por ver lo que decía,

Con voz débil y voluntad de fierro.

 

Llevada en brazos, ay, del recuerdo,

Aleteaba con candor nuestra vida,

La suya decantaba dichos, hechos,

Y decía ella, grave en su silla:

 

«Vivir es una condena en silencio,

El silencio una condena en vida,

La condena una vida en silencio.»

 

Mi abuela miraba y ella así decía:

«Las únicas que callan, las muertas».

 

En la mecedora mi abuela decía,

«Mudas las que duermen en cunetas,

Las que dan vida a lindas rosas,

Ellas no hablan por hablar, ea,

Por no hablar hablan fermosas.»

 

Y suspiró, reprimió una mueca,

Y fue como si viera entre las hojas,

«Todas vienen por el monte a la mesa.

¡Hijas, nietas, abandonad las fosas!

¡Traed de nuevo esas voces frescas!

Olvidad de una vez los tiempos grises,

Los largos días de plomo y reserva,

Aquellas feas sienes, lenguas foscas».

 

Paró, la mirada bajó a nosotras,

Se diría, sus ojos no veían,

«Vosotras, hijas de la luz materna,

Que amordazaron en aquellas horas,

Amigas, hermanas, id, conjuraos.

¡Nada consentid, no calléis ni muertas!

¡Las certezas, dulces voces las digan!».

Mi muy anciana y querida abuela,

Ella nos dijo mecida en su silla.

 

Se detuvo, volvió los ojos al cielo,

Su mano luz y lágrimas enjugó.

«Vosotras seréis madres del mundo,

Aprovechad, sí, las cristianas fiestas,

Que parir el mundo será un dolor,

Haced músculo, id a la pelea,

Divertíos, vosotras que tenéis voz.

Ahora, por el amor de la abuela,

Sed juiciosas, justas, sed más de dos,

Nadie dijo fácil la lucha fuera.»

Hizo una pausa y ya nos dijo adiós,

Ya no fatigarse ella más quisiera,

Aquella que los días contaba, no,

Sino que los descontaba, mi abuela.

 

Y nos dejó acudir a la fiesta mayor,

San José el día, una primavera,

Y sonrió por fin y dijo, «Id con Dios».

53.- RIQUEZA

RIQUEZA

Somos ricos, tenemos sol,

tenemos aire,

si vivimos en el mar, olas,

sal, peces, paisajes,

¡tantas cosas en el mar!

En las montañas árboles,

mariposas, leche de cabra,

rocío, nieves, montañas,

en el valle tierra, y ríos,

¡mil cosas en la montaña!

Si habitamos ciudades,

mares de arquitectura,

grandes hormigueros,

hay museos, hay cultura,

hay sociedad, hay fiesta,

hay amor, hay miserias,

hay broches en trajes ricos.

Y, si no tenemos salud pública,

y no tenemos educación,

y no tenemos aire, ni olas,

peces o paisajes,

somos pobres.

52. – MÚSICA Y SILENCIO

MÚSICA Y SILENCIO

Si hay música, ¿para qué el silencio?

¿Para qué si hay silencio la música?

¿No es música el silencio?

¿No es un silencio la música?

El silencio de alta montaña,

el alto silencio de la montaña,

la alta montaña del silencio.

Música que mana del universo.

51.- CON Y SIN

CON Y SIN

Con cariño,

y sin fronteras

con amor,

y sin dogmas,

con solidaridad,

y sin codicia,

con ciencia,

y sin discordia,

con conciencia,

y sin síntomas,

con información,

y sin manipulación,

con libertad,

y sin inquisición,

con pensión,

y sin miseria,

con ayuda,

y sin miedo.

50.- SIN

SIN

Sin amparo,

sin salud,

sin calor,

sin luz,

sin placer,

sin gracia,

sin pensión,

sin paro,

sin alivio,

sin Ártico,

sin atún,

sin olivas.

Sin cine,

sin teatro,

sin títeres,

sin actores,

sin actrices,

sin premios.

Sin razón,

sin gloria,

sin mitos,

sin ritos,

sin pitos.

Sin pasivo,

sin activo,

sin ejecutivo,

sin legislativo,

sin legal,

sin plural,

sin vergüenza,

sin moral,

sin prójimo,

sin respeto,

sin miedo,

sin saberlo.

¿Hasta saberlo?

49.- CACHIRULO

CACHIRULO

La brisa nos empuja a la altura,

Suave, de la mano de un niño,

Arriba, ojos al cielo tranquilo.

El camino encontrado con tino,

La tierna mano aprieta el hilo,

Nos para. Miramos la llanura.

Del mundo el complicado juguete,

Hermoso, doliente, bello, o feo,

Enigma ardiente, una flor, sueño;

Tiramos suspendidos y sin dedos,

Mucho más alto ascender queremos,

Pero la mano chica arremete.

Desde tierra nos retiene el niño,

Por extraviarnos no en demasía,

Mirar sin comprender es tontería.

Nada hay de esfuerzo allá arriba,

Sufrir deja de ser plato del día,

Viento ligero mece con cariño.

Con un fino cordel afianzados,

Imaginamos, sí, miramos lejos,

Porque lo de abajo es espejo,

Y a su eterna juventud el viejo,

Y el joven a cuando sea viejo,

Volamos bien cogidos de la mano.

Imposible quedarse en el sitio,

Triunfos futuros, placeres pasados,

El presente entero es demasiado,

Es imperioso, traicionero, raro;

Sí, en el azul estamos salvados,

Mientras el infante sujete el hilo.

De pronto alguien grita, ¡ya es hora!

Y se vuelve la infantil mirada,

Los tiempos ceden, mamá que llama,

Último segundo para el hada,

Y un deseo final que se escapa,

Él estira, caemos al ahora.